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EDGARD   GUILLEN    O EL EJERCICIO LUCIDO DEL SER

Basta mencionar el nombre de Edgard Guillén para evocar una parte importante de la historia del Teatro Peruano. El actor que ha sabido preservar en alto - durante cuarenta y cuatro años - la genuina e intensa ocupación de tablas, por encima de modas y modernismos. Uno de los pocos actores que ha alcanzado la mayoría de edad entre tantos chiquillos recién bautizados- pese a sus edades que juegan desaprensivamente al entretenimiento escénico, olvidando que éste es un juego que entraña peligro. Edgard Guillén compromete su ser entero en cada interpretación, su voz, su cuerpo y su alma, para recrear textos clásicos o textos que él convierte en clásicos, que es la verdadera razón de ser del espectáculo teatral. Allí están, en la memoria de los públicos que han tenido el privilegio de asistir a "Carnet de identidad", "La locura de la señora Bright", Federico Federico", "Sin paradero oficial", "Domestic Shakespeare", "Chéjov", "Ricardo III"  y tantos otros montajes teatrales bellísimos. Sabiendo cómo con ellos podemos convencernos que el actor trágico de los tiempos heroicos del teatro no ha desaparecido sino que está vivo y presente, con temas ahora de nuestra época, con las angustias y desventuras de nuestra época, con los dolores y horrores de nuestra época.Guillén nos libera de nuestro naufragio, por lo que podríamos llamar una Katharsis de nuestro destino. La lucha del hombre contra el demonio, cualquiera que éste sea se resuelve en victoria nuestra, aunque sea transitoria. Y finalmente, qué define al Teatro más que el triunfo del hombre sobre el demonio. En este siglo del heroísmo. Naturalmente que este efecto Kathártico sólo es posible alcanzarlo cuando sobre la escena se encuentran la fuerte personalidad y la extremada actuación de un actor de la talla de Edgard Guillén.Cuarenta y cuatro años con esa intensidad mantenida sin desmayos es un éxito para él y también para quienes hemos sido espectadores de su vida en escena y fuera de ella. Sólo me resta decir, como entre los romanos: ¡Victor!

Hernando Cortés